Actitud, propósito y foco, claves para sentirse bien

Silvina Scheiner, para La Nación.

Seis de cada diez personas están sufriendo en este momento pánico, angustia, ansiedad a raíz del estrés laboral, y según Carolina Casiello, profesora de psicología de UCA, una de las maneras de resolverlo es ir a trabajar con intención.

Casiello, especializada en Gestión de RRHH por Competencias y reconversión laboral, fue una de los 13 oradores del segundo TEDxUCA, que se realizó en el Campus Puerto Madero, bajo el lema “Transformación. Trascendencia”.

Autora del libro Rumbo al Trabajo Feliz, explicó que en los últimos 15 años se comprobó que las circunstancias que nos tocó vivir influyen un 10% en nuestra evaluación final sobre cuán felices somos… mientras que el 40% tiene que ver con las cosas que conseguimos intencionalmente.

“El trabajo puede ser una vía hacia la felicidad si sentimos que hacemos las cosas intencionalmente. El estrés se correlaciona con la insatisfacción que, básicamente, se produce por no saber para qué hacemos lo que hacemos… en la vida y en el trabajo”, sostuvo. ¿Cómo reconocer la intención, el propósito con el que trabajamos? “Necesitamos encarar una activa y profunda reflexión para contestar preguntas esenciales: ¿Qué cosas disfruto hacer? ¿Cuál es el rol que elijo desempeñar en mi vida? “Se trata de tomar conciencia de todos los roles que actúo en diferentes ámbitos de mi vida y destacar el que me identifique realmente. Y la tercera pregunta, que planteó frente al auditorio Puerto Madero de la UCA fue ¿para qué hacerlo? “Con estos tres elementos puedo declarar mi misión o propósito personal. Esto nos permite sentir que lo que hacemos con nuestro trabajo tiene una intención, un sentido de propósito, y eso nos hace felices”, afirmó.

El coach Federico Fernández Olivero, con más de 10 años de experiencia multicultural en corporaciones, se refirió a la actitud, y relató el día en que intentó volar desde la India, justo en el festejo de la independencia de ese estado.

Contó las peripecias que sufrió por no haber impreso su ticket y cómo olvidó por completo su dominio del inglés al ser enfrentado por los guardias de seguridad del aeropuerto de Nueva Delhi.

“En ese momento, a pesar de ser totalmente bilingüe, no pude decir ni una palabra en inglés, empecé a sudar y en español intenté explicarles que llevaba ropa para mi mujer y especias para mí”, comentó. “Ellos insistían que llevaba contrabando” y el consultor empezó a preocuparse en serio. “Cuando empezaron a hablar en hindi, cerré los ojos respiré profundo, tratando de recordar el número de celular de mi contacto en Delhi y sin darme cuenta logré cambiar mi foco de atención, y el inglés volvió a fluir por mi boca. Pocos minutos después me estaban liberando con un pedido de disculpas”, concluyó Fernández Olivero.El triángulo de la actitud está compuesto por la fisiología, el lenguaje y el foco de atención. “Si lo que buscamos es cambiar la actitud, empezá por cambiar tu cuerpo. La postura corporal. La mente y el cuerpo están unidos, la mente le dice al cuerpo como sentirse y el cuerpo le dice a la mente también como sentirse”, señaló. Por otro lado, las palabras afectan nuestras emociones. Si cambiás la manera en la que hablas, vas a cambiar la manera en la que te sentís”, sostuvo .

La tercera es el foco de atención. “La atención es el timón de la conciencia. Dónde está tu atención, estás vos. Si cambia aquello a lo que le prestás atención, cambia tu actitud. Por eso hay que aprender a controlar el foco de atención de nuestra mente si queremos cambiar de actitud”, afirmó el consultor.

Otro de los oradores que hablaron frente a las 300 personas -y fueron seguidos por 800 por la Web- fue Claudio Angrigiani, un auténtico “emprendedor serial”, quien se refirió a la importancia de convivir con el fracaso. “Creo que el miedo a fracasar está más condicionado por una construcción social que por riesgos reales. La bandera la lleva el que no comete errores en los exámenes; Messi es un perro porque no gana la copa. Al primero, los laureles, al segundo, el exilio”, dijo.

Lo curioso es que las personas más interesantes son las que le pierden el miedo al fracaso y lo viven como algo inherente al camino del éxito, sostuvo el emprendedor, tras citar los casos de The Beatles o la escritora de J. K. Rowling.

“No quiere decir que uno no conviva con el miedo al fracaso. Una vez que uno supera la inercia, ese miedo que sigue vigente es el que hace que uno se esfuerce y dé lo máximo para mantener el barco a flote.”

Posted by Carolina Casiello