Cambio del paradigma laboral, ¿llegó para quedarse?

Juana es psicóloga, hace 5 años por lo menos que se viene resistiendo a trabajar on line, porque “no hay nada como el vínculo interpersonal”. Hoy sus pacientes le dicen que quieren hacer sus sesiones a distancia. Por suerte hace un tiempo su sobrina la “obligó” a comprarse una notebook nueva, aunque todavía no la había usado.

El lunes salió corriendo a preguntarle a su vecino “que sabe de computadoras” cómo hacer para instalar el bendito programa para videollamadas. Atendió de corrido desde su casa a todos sus pacientes programados e incluso a dos pacientes más de lo que hace habitualmente porque tenía disponible el tiempo que le lleva ir y venir hasta su consultorio todos los días. Mañana tiene toda la mañana libre.

Luciana es contadora y el lunes a la mañana por whatsapp se distribuyeron objetivos y plazos para llegar a tiempo con los balances y cierres a fin de mes. Les llevó menos de la mitad de lo que duran históricamente cualquiera de las infinitas reuniones que mantiene con sus compañeros cada semana. Forzosamente, y lo mejor es que sin darse cuenta, habían logrado aquello que parecía imposible: ponerse de acuerdo en los objetivos, la distribución de tareas y trabajar en equipo. Todos están enfocados y pudieron «limpiar» sus trabajos de aquellas tareas que hoy se evidenciaron como innecesarias.

Luis es panadero, el lunes agregó algo de su producción de pan y sobre todo de aquellos que se mantienen “más fresquitos” porque va organizar diferente la distribución, en lugar de todos los días, va a entregar el miércoles y el viernes, para tener menor circulación y tener el tiempo disponible para quedarse al cuidado de sus hijos.

Meli es profe de guitarra, armó como siempre sus clases y llama a sus alumnos por whtasapp en los horarios de costumbre y comparte por ese medio su lección. No tuvo que pedalear en su bici media hora para llegar a la casa de cada alumno.

En 48 horas muchos docentes tuvieron también que acelerar la tan resistida transformación digital del proceso de enseñanza-aprendizaje. En dos días prepararon los contenidos para 10 días de trabajo con sus alumnos.

De pronto, y sin previo aviso, todos tuvimos de alguna u otra forma adaptarnos a la nueva situación. Claro que en estos ejemplos no están representados muchos trabajos, oficios o profesiones que por sus características la tecnología no es la necesaria solución, al menos no como la conocemos hoy.

Somos millones de personas en todo el mundo que simultáneamente estamos adaptando nuestras formas de trabajo. Dudo que seamos conscientes de la situación histórica que estamos viviendo en este cambio de paradigma del trabajo. Muchas cosas que se implementen en estas pocas semanas pasadas y las venideras llegaron para quedarse.

¿Qué se podrá sacar en limpio de toda esta tragedia? ¿Podrá servir a la humanidad el alto costo en vidas de una pandemia para que lleguen las tan añoradas mejoras en la calidad de vida laboral? ¿Lograremos finalmente aprender a ser más eficientes con nuestro tiempo? Al final cabo es todo lo que tenemos, porque la vida no es nada más ni nada menos que eso: tiempo.

La Madre Teresa nos advertía respecto del tiempo que pasamos “ganándonos” la vida en lugar de invertirlo justamente en vivirla.

Es nuestra gran oportunidad de hacer uso de todas nuestras capacidades propiamente humanas como la creatividad y la inteligencia en sus múltiples formas, para adaptarnos y ayudar a otros a adaptarse a nuevas modalidades de trabajo que nos sirvan para integrar y balancear aspectos laborales y personales.

Llegó el día en que el cambio en la forma en que nos relacionamos con nuestro trabajo ya no es utópico, no solo es posible, es sobre todo necesario.

(Fuente de la imagen freepik.es)